Temporada de fracasos para Tiburones: ¡Una más!

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Robinson Alvarez Viña (@RobyKing).- El equipo con la más larga sequía de títulos, hasta el momento, del béisbol venezolano está por concluir otra temporada de fracasos en la que sus fieles seguidores soplarán la vela número 32. Y es que aunque para el momento de esta nota Tiburones de La Guaira no estaba eliminado, se puede decir que ya no batallaban para conseguir su cupo en enero.

Así de gris fue, ya oficialmente, la temporada para La Guaira que antes de Navidad aseguró terminar con un amplio récord negativo, lo que ha hecho que cinco equipos estén celebrando su pase a enero y que un sexto equipo, también con récord negativo, ya esté respirando hondo sin tener que pedirle la habitual carta al niño Jesús.

¿Qué le pasa al equipo? Es la pregunta que se hacen los fanáticos ¿Es acaso una especie de maldición gitana? Las respuestas son mucho menos místicas de lo que algunos pudieran pensar. Si bien los actuales dueños no coleccionan con ellos todos los años sin campeonatos que ha acumulado el equipo, tienen trece temporadas y una sola final para redondear una mala gestión en la que se han involucrado de las formas más incorrectas.

En lugar de limitarse a las tradicionales dos funciones de poner dinero y exigir resultados les ha parecido más entretenido gerenciar un equipo de béisbol de valor histórico sin la experiencia que este amerita. En todos esos años la silla de gerente no fue más que una forma de escudarse ante la crítica de los medios mientras ellos movían los recursos como si se tratara de uno más de sus hoteles.

Es esa ausencia de campeonato que no se compensa con ningún número de jugadores en MLB, récord de salvados en la gran carpa, campeonatos de Serie Mundial de jugadores y mánager, Copa Tibupanas o Asofatibu, títulos de Liga Paralela o los distintos premios de Novato del Año, Mánager del Año o Jugador Más Valioso de la liga que han recibido sus miembros, lo que tiene actualmente frustrada a la que una vez fue reconocida como la fanaticada más alegre del beisbol venezolano.

Vivir de la vieja guardia de los 80 mientras ansiaban el retorno de un título se hizo más largo de lo que esperaban y el equipo aguerrido, que siempre generaba esperanzas de remontadas se fue diluyendo hasta convertirse en la actual versión de un equipo al que una carrera en contra es suficiente para venirse abajo.

Su líder guerrillero prefiere cerrar la boca, por primera vez en muchos años, antes de afrontar las consecuencias de dejar al descubierto la cantidad de falsas promesas que le hicieron venir a Venezuela a tratar de cumplir su sueño de hacer campeón al equipo de sus amores y atravesar la avenida Soublette con el deseado octavo trofeo.

Tal parece que el bautizo de la conocida avenida de Vargas quedará pospuesto hasta nuevo aviso y hará competencia con la conclusión del estadio situado en Macuto al que sólo se le puede ver el puro esqueleto como si hubiese muerto antes de nacer. Ya no sólo los gobernantes hacen falsas promesas, sino hasta quien es dueño, maneja o dirige un equipo de béisbol se siente en posición de hacerlo costumbre en los más fieles aficionados del béisbol venezolano.

Por otra parte, las mayores figuras han abandonado la lucha como dejando leer entre líneas un “no vale pena” que creen tapar con cualquier cantidad de asuntos personales como tramites de documentos, programas físicos, un cumpleaños de un familiar, compromisos con una cadena de TV, el nacimiento de un hijo, la realización de una boda o simplemente un “no tengo permiso de mi organización”. Lo que está claro es que la prioridad es cualquier cosa menos el campeonato de Tiburones.

En medio de la inconsistencia de un equipo que no puede combinar defensa, bateo y pitcheo hasta el capitán prefiere no hundirse con su barco y un problema con aficionados del equipo rival trasciende a tal nivel personal que pone en duda su participación en la liga en esta y las próxima temporadas. Al fin y al cabo “él no necesita esta liga”.

Ya hasta el autodenominado “circuito alegre” parece no ser lo mismo de antes. Su animador número uno pierde la dulzura de su carácter ante el abandono de su amado equipo. Además comentaristas y narradores no le hacen mucho honor al apodo, al tener que afrontar las transmisiones con múltiples quejas del caos que observan en el terreno de juego.

¿Es la eliminación el destino que merece entonces Tiburones? No puede haber otro más correcto que éste ante una planificación desastrosa, que se quedó sin gasolina antes de finalizar octubre. Entre lesiones y traída de importados que el mánager pareció no haber pedido, pues prefería dejar en la banca, se fue extendiendo lo que en un principio fue un “mal momento” y luego se convirtió en la habitual mala temporada de la época de los 90.

La importación se anunció como de las mejores, pero claramente estaba por debajo del nivel de las que habían conformado en años anteriores y la de otros equipos de la liga, salvo excepciones. Se repitieron importados que fueron un fracaso la temporada anterior sin ninguna razón aparente más que la económica y que además no responden a las necesidades del conjunto.

“Que trabuco el que se está armando” se le leyó a uno de los miembros de la gerencia deportiva. Por el contrario, el equipo parecía armado para jugar un torneo de Liga Paralela ya a mitad de noviembre. En medio de esta actuación, parece irónico que sus quejas no apuntarán a la falta de recursos para trabajar sino a que se estaban filtrando informaciones que desprestigian su gerencia. El verdadero desprestigio fue el impresentable equipo.

Se consolidó el hermetismo en las informaciones. Ya los dueños no gustan de robar cámaras ni dar entrevista por razones obvias. El extenso silencio no podía significar otra cosa que faltar a las promesas hechas a la afición guairista que esperaba ver a sus mejores jugadores defendiendo la camiseta escuala con honor ante la necesidad imperativa del octavo título que han esperado ya casi treinta y dos años.

Hasta la afición se siente responsable de las constantes fallas y se han contagiado de abandono por no poder decidir entre su inquebrantable fe y los reclamos de un título de LVBP. Le es mejor pagar un abono que no utilizan ni al 50% que acompañar a un equipo que le genera frustración desde que tratan de comprar una entrada en la incompetente tienda oficial o en las taquillas del estadio.

No es un tema menor que en taquillas y tienda oficial la atención sea tan terrible que todo parezca gerenciado por revendedores de los que se paran a las afueras del recinto. Irónicamente no consigues tu silla preferida y al entrar al estadio ver la mayoría de puestos vacíos. Este golpe de realidad se complementa con tener que abandonar el parque antes de la conclusión del juego. Todo esto ha dejado a la afición derrotada antes del inicio de cada encuentro.

Las frases esperanzadoras se convirtieron en conformista a la vista del entorno al ser tan repetitivas que agotan la paciencia de otros seguidores y aficionados de otros equipos que casi ruegan “que este sea el año de La Guaira”. Y es que ni siquiera se puede decir con una convicción que “si este año no fue será el próximo” porque cada nueva temporada es una decepción del fanático que pasa largos meses esperando ver a su equipo.

La temporada 2017-18 debe ser definida como el ejemplo más gráfico de la falencias de una organización, si es que se puede llamar así, en todos sus años de fracaso en busca de un título que ya ni podría decirse que se ha hecho esquivo, puesto que los recursos no han sido alineados en la misma dirección por más de tres décadas. Las fallas son estructurales y ante esto el éxito no podrá ser alcanzado.

La Guaira tendrá que hacer muchas cosas bien desde hoy, para meterse a última hora a la fiesta de enero y aún así es muy posible que no lo logre. La tarea es titánica, milagrosa y bastante improbable si se quiere. Pero posible hasta que lo digan los números. Entrar en una racha de victorias y ligar derrotas de sus rivales mientras busca la forma de reforzar un equipo que se mostró endeble en toda la temporada. Francamente la eliminación es lo que debe ocurrir en pro de que esta organización cambie su fórmula drásticamente.